Debut
Rosa Romero – Del 4 al 6 de abril en Teatro Ensalle
DEBUT es un solo donde la intérprete o performer atraviesa un acto de iniciación frente al público con el objetivo de ser aceptada, de ser amada a fin de cuentas. Atravesar la puerta, pasar el umbral, cambiar de cuerpo, espacio y estado para pasar a ser otra cosa, de sólido a líquido, de líquido a gaseoso. Esta obra, que no es más que un acto de iniciación que adopta la forma de una pieza escénica, es un deseo de pertenencia a la comunidad. Como en todo acto iniciático, la iniciada, en este caso Rosa, tiene que demostrar su valía enfrentándose a la comunidad con todo su cuerpo. Se para frente al público (la comunidad de la que depende su aceptación) y les dice: miradme. Miradme como acto chamánico, como hechizo, porque en esta obligación de mirar se ocultan todas las artes oscuras de lo que llamamos teatro (o danza, o performance, ritual o juego). Rosa dice miradme, y en esa orden se materializa la idea de que tal vez no ha sido mirada nunca, que tal vez está siendo mirada por primera vez, como si hubiese estado siempre oculta y de luto preparando este momento.
DEBUT a ratos parece un asalto al público. En este DEBUT a los espectadores se nos fuerza a acoger al débil que empieza algo por primera vez. Y en el proceso de acoger abrimos relajados la puerta a un nuevo camino que es una trampa, algo así como felicitar un intento de suicidio o festejar una enfermedad terminal: la de la entrada en esa cosa de los cuerpos performativos, las artes vivas y toda la parafernalia que no tiene cabida en este país (huye). Sin saberlo estamos acogiendo la carne, el silencio, las redondeces, el sudor de la frente, el impulso. Este cuerpo que debuta lo hace sin Academia (con mayúscula) y en sus furores; como diría Lauren Postigo aquí Rosa es Roma y Candombe, Papa y Papisa, la incontinuidad, lo disconforme. Por eso Rosa no puede querer ni amar para siempre, simplemente se pirra por las cosas. Una vez que activamos el ritual de iniciación no sabemos si somos nosotras la que estamos evaluando su entrada a esta comunidad que no sabemos bien qué es, o si es ella la que nos está aceptando a nosotras. Y al final del viaje la desilusión, que es la palabra que define la mayoría de los finales cuando el trayecto empieza tan arriba: tal vez esa comunidad que tiene que aceptar continuamente a las artistas, a las locas y a las outsiders no mole tanto. Sé que este texto funciona como un trámite (injusto para la pieza) pero si sirviese para algo desearía que pusiera esta idea en tu cabeza: Rosa se muestra por primera vez.